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2007-05-27

Benedicto XVI contra Bartolomé de las Casas

Domingo, 27 de Mayo de 2007
Benedicto XVI contra Bartolomé de las Casas
Por José Pablo Feinmann

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Notable es cómo se reparten las indignaciones en este mundo. Hay muertes de todo tipo y valor. Hay muertes de primera, de segunda y hay muertes que no valen nada, ni una línea en algún diario pueblerino. Bueno, todo esto ya se sabe, ya nadie puede decir nada nuevo sobre los horrores de este mundo. Lo que significa que se siguen produciendo ante la indiferencia generalizada o ante la impotencia o, peor todavía, el desinterés absoluto, ese estado de ánimo que nos protege de todo y nos mantiene fríos, aislados de la suerte de los otros y dispuestos sólo a lamentar nuestra propia muerte, si nos dan tiempo.

Cuando el líder iraní Mahmud Ahmadinejad propuso un congreso para negar la existencia del Holocausto judío en los campos nazis de exterminio todos se indignaron y con razón, el tipo se pasó de la raya, está loco, es un nazi iraní desbocado y algo habrá que hacer. El líder iraní busca una cosa que nadie se atreve a decir salvo en conversaciones privadas. Lo que Ahmadinejad busca decir no sea acaso que el Holocausto no existió sino plantear –a través de semejante infundio– una cuestión implanteable: ¿por qué el Holocausto judío es el único Holocausto? O ¿por qué es el único que se escribe con mayúsculas? Esto tiene sus respuestas. El Holocausto judío fue el más racionalmente planeado de la historia y el que fue realizado solamente por el odio, sin ningún beneficio posterior. Fue sólo el odio y el deseo de destruir al Otro, al judío, lo que llevó a los nazis a esa masacre. Los motivos ofrecidos por Hitler y Goebbels durante la lucha por el poder (que los judíos se robaban los dineros de los alemanes y los hambreaban porque dirigían la economía del país) eran meras excusas para hacer lo que hicieron: la solución final, eliminar a todos los judíos de Europa para, de este modo, limpiarla.

Este horror permanece (hoy) como un reaseguro histórico para la existencia del Estado de Israel. Lo que una vez ocurrió puede volver a ocurrir. También es un poderoso antecedente para la violencia del Leviatán israelí. Todo Estado es una organización de la violencia. Un judío victimario y no víctima era impensable antes de la existencia del Estado judío. Pero la estratificación de la fe trae con ella la dogmatización. Esta dogmática se organiza en el Estado como la fe cristiana se organizó en la Iglesia. Los cristianos de los orígenes, los perseguidos por los romanos, los que morían en el Coliseo, los que vivían en las catacumbas, los que eran perseguidos, se hicieron poderosos cuando crearon su Iglesia, y, más aún, cuando la Iglesia se transformó en Estado eclesial, en Ecclesia. Aquí, los antiguos cristianos ya no son perseguidos, persiguen. El cristianismo se expresa ahora en una casta sacerdotal que se sostiene en una única, vertical y autoritaria lectura del Evangelio. El Estado judío cumple esa función de poder. Ya no habrá judíos indefensos perseguidos porque a algún tirano de la Tierra se le ha despertado la locura de matarlos. El Estado judío, obviamente, se remite al Holocausto como lo que él, ese Estado, existe para impedir. En suma, la existencia del Estado judío es ofrecer una tierra de seguridad y protección a todos los suyos para que nunca se repita Auschwitz.

Así las cosas, el Holocausto funciona como la memoria de lo que fue y de lo que no debe ser más. En tanto figura de “lo que no debe ser más” el Holocausto es una justificación de la política del Estado de Israel y de su práctica guerrera. Si hemos entendido esto entenderemos que el iraní Ahmadinejad eligió certeramente dónde pegar. Si él negara la existencia del Holocausto el Estado de Israel perdería su justificación de custodio de “lo que no debe ser más”. Perdería la más fuerte justificación de las guerras en que se implica. Ahmadinejad se equivoca: nunca podrá demostrar que el Holocausto no existió porque sí, existió. Pero (y aquí estamos tratando de entender una atrocidad que dijo el papa Benedicto XVI) se trataría de analizar por qué otros holocaustos no sólo no se escriben con mayúsculas sino que pueden ser negados por completo o el país que los cometió puede festejar desmedidamente los quinientos años de la fecha en que llegó a las tierras americanas a cometerlo. Esto ocurrió en Barcelona en 1992. Una impudicia. Una fiesta de nuevos ricos (no hacía mucho que España había entrado en la Unión Europea). Un despliegue fastuoso para festejar una conquista que mató a millones de seres humanos. “Por lo que a la raza humana se refiere (escribe Hegel en sus olímpicas Lecciones sobre la filosofía de la historia universal), sólo quedan pocos descendientes de los primeros americanos. Han sido exterminados unos siete millones de hombres”. Hegel no sabía nada. No tenía datos. Esa falta de información implicaba desconocer millones de muertos. Acaso la cifra total llegue a cincuenta millones. Pero, ¿a quién le importa? Si no bien uno habla de esto saca patente de indigenista, populista, americanista y otros horrores. Y la opulenta España festejó esos quinientos años con el fasto de un Imperio victorioso, henchido de orgullo. Imaginen un desfile de miles de neonazis, respaldados por el Estado alemán, festejando el aniversario de la Solución Final. Así, con mayúsculas.

¿A qué viene esto? Ya lo habrán adivinado. El papa Benedicto XVI dijo que la evangelización de América latina no había sido la imposición de una cultura extraña. Benedicto no debe haber leído a fray Bartolomé de las Casas. O no, vayamos por otro lado porque esto no se lo cree nadie. Benedicto leyó a Bartolomé de las Casas porque tuvo tiempo de sobra para leer todo lo que quisiera, hasta el mismísimo El capital del ateo Marx. Lo leyó (a Bartolomé), pero es como si no lo hubiera hecho. En rigor, a De las Casas lo leyeron todos pero nadie le da importancia. Un clérigo loco, dicen, que hablaba de los indios como si tuvieran alma, como si fueran seres humanos. Y no lo eran. El alma se la traían los europeos. Se la entregaban con la evangelización. Por eso Benedicto dice que la evangelización no es una cultura extraña. ¿Cómo va a ser extraña para un pobre indio la posesión del alma, del evangelio, de la cultura europea? El imperialismo europeo tuvo una característica muy propia con respecto a otros. Europa, a partir de 1492, establece algo que podemos llamar sistema-mundo, y que es la globalización que el capitalismo impone a partir de esa fecha. El capitalismo es globalizador por definición. La burguesía lo es. La burguesía a la que Marx le cantó alabanzas en el Manifiesto. La clase revolucionaria por excelencia. Cuando el Imperio romano ocupaba territorios y mataba a todos sus habitantes lo hacía en nombre de “la grandeza de Roma”. Cuando, antes, Alejandro el Magno se devoraba el mundo conocido (que era todo el mundo: el mundo era conocido en tanto lo conociera Alejandro; si no, no existía), lo hacía en nombre de la gloria de Alejandro, del poder de Alejandro, de la furia guerrera de Alejandro, de su fuerza y de su vitalidad. No hay valores que sirvan de estandartes a estos imperios. Es el capitalismo el que conquista en nombre de valores que lo autorizan. España conquista para evangelizar, para llevar el alma de Cristo a las almas rústicas de esos indígenas sin Dios. Sin Dios cristiano. Inglaterra –en China y en India– conquista en nombre del Progreso, de la Civilización, de la Cultura.

¿Qué creen que pensaba Francia cuando en 1830 entró en Argelia? Les llevaba las Luces de la Ilustración a esos negros de mierda, con perdón: pero así lo decían. Más de un siglo después, uno de esos negros, un martiniqués, escribiría un libro al tiempo que se moría de leucemia. Fueron a verlo, en su agonía, dos escritores de la revista francesa Les Temps Modernes. El martiniqués les dijo: “Quiero que Sartre escriba el prólogo”. Y luego les habló durante horas de la Crítica de la razón dialéctica, que había leído en su lecho de moribundo. El martiniqués mejoró algo y se encontró con el autor de la Crítica, Sartre, en Roma. Ahí hablaron durante horas. El martiniqués murió al poco tiempo en Washington, donde pudieron llevarlo a ver si se salvaba. Sartre escribió el prólogo a Los condenados de la tierra, que era el título que el martiniqués le había puesto a su libro. El martiniqués, sé que aún no lo he dicho, se llamaba Franz Fanon. Sartre escribió el prólogo y en él escribió: “Nuestras víctimas nos conocen por sus heridas y por sus cadenas: eso hace irrefutable su testimonio. Basta que nos muestren lo que hemos hecho de ellas para que conozcamos lo que hemos hecho de nosotros mismos”. Y también afirmará, muy calmosamente, que el europeo se ha hecho hombre fabricando esclavos y monstruos.

Pero qué ingenuo es uno: ¡citar el prólogo de Sartre a Fanon! ¿Acaso no están todos de acuerdo en que es una apología de la violencia? Fuera, no vale. Sartre estaba tan loco como Fanon moribundo. ¿A quién escuchar entonces? A Bartolomé de las Casas, tal vez. Les decía a los españoles: “Estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes (...) ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas?” Pero no, Bartolomé. Usted no entiende. Estas gentes, es cierto, estaban mansas y pacíficas en sus tierras, pero había que evangelizarlas, de lo contrario se habrían quedado sin alma para siempre. ¡Ah, el Evangelio! La espada y la Cruz. Y ahora Benedicto dice con total tranquilidad que todo fue para bien. Y le sale a responder Hugo Chávez, que es –quién no lo sabe– un enemigo de la democracia, de la república, del ALCA, un populista y para colmo un negrito. Y Chávez cita, en su favor, a Bartolomé de las Casas ignorando que el bueno de Bartolomé tenía una solución para los males de América latina: propuso reemplazar a los indios por negros. Trayendo negros de Africa se acabarían las matanzas en América. O sea que, si por don Bartolomé fuera, Chávez, de no haber nacido en otra temporalidad de la historia, estaba en Venezuela pero reemplazando a un indio y trabajando como un negro. Igualmente, ante los dichos del Papa, el dictador populista, proteccionista y autoritario venezolano dijo: “Su Santidad el Papa no puede venir a negar el holocausto indígena”. (Transcribo esta declaración de un matutino prestigioso y serio. Notemos cómo, para ser tal cosa, hay que escribir “holocausto indígena” con minúsculas y “Santidad” con mayúsculas.)

Del modo que sea, todo va a seguir como está. Para que estas cosas cambien tiene que haber un cambio histórico y la historia, últimamente, parece tender más a volverse pedazos que a cambiar. Si el genocidio americano y, por ejemplo, el armenio no le importan a nadie es porque no tienen ninguna función estratégica. El Holocausto judío la tiene y forma parte esencial del desarrollo trágico que tienen los hechos en el Oriente del Estado israelí, de la guerrilla palestina, del Estado de Ahmadinejad, de los resistentes iraquíes y de la estrategia bélica global del Imperio norteamericano.

2007-05-14

RATZINGER, SU INTROMISIÓN POLÍTICA EN VENEZUELA; LA INVOLUCIÓN DEL PAPA

"volver a dar vida a las religiones precolombinas" el Papa advirtió que "esto sería una involución".

Advirtió el Papa sobre el autoritarismo en la región

Aludió, sin nombrarlo, al presidente Hugo Chávez

APARECIDA, Brasil.– En el último día de su visita a Brasil –la primera a América latina en sus dos años de pontificado–, el papa Benedicto XVI pronunció ayer el mensaje más enérgico de su viaje de cinco días, para denunciar el autoritarismo de algunos gobiernos de la región y criticar tanto al marxismo como al capitalismo.

Con palabras llamadas a sentar las bases de la renovación del catolicismo latinoamericano, Benedicto XVI dijo que si bien en los últimos 15 años la región avanzó hacia la democracia, “existen motivos de preocupación ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas”.

Asimismo, el Papa dijo que la pobreza sigue aumentando en países que practican una “economía liberal” y que las promesas hechas tanto por el capitalismo como por el marxismo de encontrar estructuras justas “se demostraron falsas”.

Aunque el Pontífice evitó decir a qué gobiernos se refería al hablar de “autoritarismo”, sus declaraciones fueron interpretadas como un mensaje dirigido al gobierno del presidente venezolano, Hugo Chávez. El día anterior, el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, había afirmado que la Santa Sede estaba preocupada por el surgimiento “de gobiernos autoritarios en América latina, como en Venezuela". Ayer, el gobierno venezolano respondió a las declaraciones de Bertone, lo que amenaza con desatar un conflicto diplomático.

Por su parte, el prefecto de la Congregación para el Clero del Vaticano, el cardenal brasileño Claudio Hummes, había dicho antes del viaje de Benedicto XVI que el Papa podría referirse durante su visita a su inquietud por la situación política en Venezuela y en Cuba.

Pocas horas antes de volver a Roma, Benedicto XVI pronunció su fuerte discurso durante la sesión inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe (Celam), realizada en un salón del subsuelo del santuario de Nuestra Señora de Aparecida, en la que LA NACION fue el único medio gráfico argentino presente.

En primera fila escuchaba al Papa el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA). También estaban los 265 miembros restantes de esa asamblea, que comenzará a sesionar esta tarde.

La mención de la situación política y económica de los países latinoamericanos fue incluida por el Papa durante su disertación de una hora, en la que reconoció un "debilitamiento" de la fe en el subcontinente y propuso tres claves para su renovación: el conocimiento de quién es Cristo para el hombre de hoy, una visión de la realidad que no sea reducida por ningún mesianismo ni liberalismo y la búsqueda de estructuras sociales justas.

El Papa vinculó el fracaso de las promesas del marxismo y el capitalismo a la "amputación" que esas ideologías hacen de "la realidad fundante y por esto decisiva que es Dios". El Pontífice arrancó el primer aplauso del atento auditorio cuando dijo que "sólo quien reconoce a Dios conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano".

"El discurso fue mucho mejor de lo que esperábamos", dijo uno de los argentinos que participaron en la sesión, y agregó: "Incluyó todos los temas sobre los que deberemos trabajar, describiéndolos en forma programática. Sólo podría objetar la afirmación sobre la transmisión de la fe durante la conquista".

"No fue una imposición"

Al remontarse a los orígenes de la fe latinoamericana, Benedicto XVI dijo que "el anuncio de Jesús y de su Evangelio no significó, en ningún momento, una alienación de las culturas precolombinas ni fue una imposición de una cultura extranjera", afirmación que cayó mal entre los que, hace unos años, festejaron el pedido de perdón que hizo Juan Pablo II por los errores cometidos en esa época.

Después mereció aplausos -por ellos tuvo que interrumpir la lectura en 19 oportunidades- cuando dijo que "la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica" y que "el trabajo político no es competencia inmediata de la Iglesia", concepto que anticipó durante la misa de la mañana, cuando había dicho que la Iglesia "no hace proselitismo" ni es una "ideología" (ver aparte). También dijo que persiste en algunas familias de la región "una mentalidad machista" que ignora la igualdad entre el hombre y la mujer proclamada por el cristianismo.

Al referirse a la religiosidad popular de América latina, Benedicto XVI afirmó que es el "precioso tesoro" de la Iglesia en este continente, que se "deberá proteger, promover y, cuando sea necesario, corregir". Pero, a los que intentan "volver a dar vida a las religiones precolombinas" el Papa advirtió que "esto sería una involución".

En otra parte de su mensaje reconoció que hay un debilitamiento de la vida cristiana por causa "del secularismo, el hedonismo y el proselitismo de numerosas sectas de religiones animistas y de nuevas expresiones pseudorreligiosas". E indicó la tarea que tendrán los obispos en las sesiones organizadas por el Celam, que se extenderán durante los próximos 20 días: impulsar una "renovación y revitalización" de la fe y señalar "nuevos caminos y proyectos pastorales creativos".

Por Silvina Premat
Enviada especial

Las frases del Pontífice

"[Hay] motivos de preocupación en América latina ante formas de gobierno autoritarias o sujetas a ciertas ideologías que se creían superadas"

"Matar a un niño es incompatible con alimentarse con el cuerpo de Cristo."

"[Las] legislaciones civiles contrarias al matrimonio, al favorecer los anticonceptivos y el aborto, amenazan el futuro de los pueblos."

"Me dirijo a los traficantes de droga, para que reflexionen sobre el daño que están haciendo a multitudes de jóvenes y de adultos [...]. Dios les pedirá cuentas de lo que están haciendo."

"[El catolicismo] no es una ideología política ni un movimiento social [...]. La Iglesia no hace proselitismo."

http://www.lanacion.com.ar/exterior/nota.asp?nota_id=908532

2007-01-13

Lo natural, no tan natural

ArgAtea.

Al decir de Foucault, "El control de la sociedad sobre los individuos no se opera simplemente por la conciencia o por la ideología, sino que se ejerce en el cuerpo, con el cuerpo"
Nuestras estructuras biológicas, lo fueron antes de que aparezcan nuevas estrategias. Nuevas Estrategias que según conveniencia ignoraban "nuestra existencia" o no, según el control que querían imponer.
Así es como a la religión que es una estrategia más de poder, le conviene hablar de almas.
Bayer en su artículo muestra como actúan las estrategias de poder, según sus objetivos.


Sábado, 13 de Enero de 2007

Un día occidental y cristiano

Por Osvaldo Bayer

Camino por las orillas del Rin en este invierno alemán lleno de flores. Sí, en mi exilio, en enero, estas caminatas las hacía pisando nieves que quedaban dos o tres meses sobre la tierra. Ahora la temperatura de este invierno es de 15 grados y han empezado a florecer los cercos en enero. Impensable. Dios debe estar practicando ciertas inhalaciones con la nariz para tener esta imaginación actual. O a lo mejor le gusta recibir los gases que producen los terráqueos.

Voy pensando en la nueva discusión que se ha iniciado en Alemania, si reinstalar o no las centrales atómicas, cuando en la calle un sacerdote católico me entrega un sobre. Lo abro. Adentro hay una cruz con cadenita para el cuello. Todo muy bien trabajado. La cruz es verde, tal vez por la esperanza. Me siento en uno de los bancos que miran al Rin. Me sorprendo al leer la carta. Es de la Obra San José de Ayuda a los Indios de Estados Unidos. Indios, sí, está la palabra Indianer, en alemán. Esto sí que nunca me lo había imaginado. ¿Cómo? ¿Ayudar a los indios norteamericanos? El documento dice textualmente: “Nosotros nos dedicamos a ayudar a los pobres niños dolientes de los indios Lakota, en la región de Dakota del Sur, en el centro de Estados Unidos. Le pedimos a usted su ayuda”. Y explica: “Lakota, el nombre de ese pueblo originario, significa en su idioma ‘Amigo y aliado’. Esta Obra de la Iglesia Católica se ha creado para ayudar a los indios Lakota-Sioux, donde niños pobres y hambrientos reciben de la Obra San José una posibilidad de poder seguir viviendo gracias a la Escuela San José para Indios donde se les da educación y formación”. Y agrega: “Pero cuesta mucho dinero alimentar, vestir, dar protección médica y escuela” y a continuación piden la ayuda del pueblo alemán para sostener a los niños Lakota-Sioux de Estados Unidos. La comunicación religiosa oficial informa que “El sufrimiento de la población indígena en Dakota del Sur tiene una tradición. Porque en esa región se sucedieron hechos dramáticos que trajeron al pueblo originario penurias y miserias, expulsión de las tierras en las que habían vivido siempre, el no cumplimiento de tratados y la esclavitud”. Por supuesto –sin decirlo– se refiere a la conquista de los “blancos”. Pero más adelante lo hace saber cuando da el nombre “de los legendarios luchadores indígenas de la libertad” como Reed Cloud y Sitting Bull y las masacres de indios de Wounded Knee o Little Big Horn. Pero no sólo eso, el documento también señala que en esos territorios existían enormes manadas de búfalos, que eran el medio de subsistencia de los Lakota-Sioux. “Los búfalos fueron muertos a tiros, miles y miles, por los cazadores blancos, sin piedad, para comerciar sus cueros. Esos animales fueron exterminados y esa injusticia es hasta hoy una mancha de deshonra en la historia de Estados Unidos, un pecado nunca reconocido ni pagado.” Y después en el documento católico hay una frase que sorprende: “En esta época en que se usa constantemente la palabra globalización, ¿no podría valer también en cuanto a la globalización del amor al prójimo?”. Termina el documento: “muchas familias de los Lakota-Sioux se quiebran ante la carga insoportable de una existencia sin esperanzas, caracterizada por la lucha diaria por el pan y a causa de la desocupación”. La Obra católica se despide del lector con la palabra pilamaya, que quiere decir “gracias” en idioma Lakota.

El mismo día en que me entregan la cruz verde de la esperanza en la calle, leo en el diario de Bonn dos cosas que tienen que ver directamente con la moral de la sociedad. Primero, el anuncio de que Bush va a enviar 22.000 soldados más a Irak, lo que va a costar a su país mil millones de dólares. Mil millones. La pregunta es: ¿por qué, por ejemplo, el Papa no va a Dakota del Sur e inicia allí una huelga de hambre ante la realidad de los “indios” y el hecho de que se va a gastar una cifra no cristiana para matar y bombardear? ¿Por qué Naciones Unidas no comienza una campaña por la paz en el mundo y se van a Somalia todos sus representantes para protestar por el bombardeo que acaban de realizar los norteamericanos y que como resultado dio la muerte de todos los asistentes a una boda? ¿Quién es ahí el terrorista?

Veintidós mil soldados más. Pero la fantasía de la realidad me lleva esa noche a ver el programa principal de Phoenix, televisora alemana de derecho público, donde se pasó la documentación sobre la batalla de Verdun, en la Primera Guerra Mundial, que costó 330.000 bajas al ejército alemán y 316.000 bajas al ejército francés. Todos jóvenes. Muertos horriblemente por la estupidez humana. Jóvenes de 18 años, de 20, de 22. Muertos por la crueldad y la perversidad de sus sociedades y sus políticos. Y después de eso pienso en los mil millones de Bush para la guerra.

Pero sigamos con las “casualidades”. Voy a la parte cultural del diario y leo en el Bonner Anzeiger, diario de Bonn, la gran polémica que se ha iniciado no ya por la película histriónica sobre Hitler, sino por el film Apocalyto, del norteamericano Mel Gibson. En este film se denigra a los mayas, pueblo originario que representó una de las más altas culturas del período precolombino. Se los pone como un pueblo sanguinario que mata por placer. El director cinematográfico se deleita con todo lo más cruel que pueda existir: los mayas arrancan el corazón a los vencidos, les cortan la cabeza y otros espantos. El profesor universitario de Bonn, Nicolai Grube, especialista en esa cultura maya, salió en diversos medios a criticar la falsa imagen de la película señalando que “el film presenta una imagen completamente falsa y absurda de la verdadera cultura de ese pueblo”. A raíz de ello, los docentes de historia americana y etnografía de esa universidad organizaron un debate en el que se llegó a la conclusión de que “el film muestra a los mayas como un pueblo sanguinario con una religión de bárbaros, que tendrían que estar agradecidos por la conquista de los españoles cuando la realidad es totalmente otra” y que “para las matanzas masivas realizadas por los mayas como representa el film faltan totalmente los basamentos históricos” y “el film no es auténtico ni tiene la más mínima asesoría científica”. Se explica luego la alta cultura que crearon los mayas. El profesor Grube señala que fueron asesinados más de doscientos mil mayas y más de un millón fueron expulsados de sus tierras”. Y agrega que “a través de este film va a adquirir más terreno fértil el racismo antiindigenista que reina en América latina”.

Sí, el racismo. Por ejemplo, se ha descubierto que uno de los mayores financistas de los viajes de Colón fue un comerciante dedicado al tráfico de esclavos. Y nosotros, los argentinos, nos llenamos de monumentos a Colón y festejar “el Día de la Raza”. Más todavía, hay que leer los discursos oficiales de la inauguración del monumento a Roca durante la Década Infame. El presidente Justo –al poner la piedra fundamental– comparará a Roca con el general Uriburu, como gran alabanza. Sí, Uriburu el primer golpista y fusilador de obreros. Y Patrón Costas –personaje de la oligarquía salteña a quien se quería, mediante el fraude patriótico, poner como presidente argentino, y que habló como orador oficial en ese acto– dio una interpretación “positivista” del genocidio de los pueblos originarios diciendo que Roca “con certero golpe de vista militar señaló que era necesario llevarle la guerra ofensiva al indio, a sus propias tolderías, vencerlo, someterlo y correrlo más allá del Río Negro. Obtiene un éxito rotundo, que concluye con un problema secular”. Y se acabó. Una interpretación cristiana. Y ese monumento quedó hasta nuestros días. Después nos admiramos del porqué de la violencia argentina que culminó con Videla. Es que, digan lo que digan, los argentinos nos sentimos un tanto protegidos cuando tenemos en la mano un billete de cien pesos y desde él nos mira el general Roca.

Bush, los Lakota-Sioux, el bombardeo a Somalia, cien mil millones de dólares para la guerra en Irak, los mayas en el cine norteamericano, Roca y Patrón Costas. Bueno, fue demasiado para un día que comenzó con un paseo por el Rin. Por eso, a la noche, me puse a oír el concierto para piano y orquesta de Beethoven. Respiré aire puro. Me encontré de pronto en un paraíso especial. Pero no, no me quedé en eso. Sino que, de inmediato, me puse a escribir esta nota.